Llena de expectación y de curiosidad por conocer lo que me deparaba el breve destino al que me disponía a entrar, llegué al lugar de la cita, intentando localizar con la mirada algún rostro familiar. Nada. El miedo de haberme equivocado de hora, o día se apoderó de mí durante unos instantes hasta que recibí un mensaje en mi celular. Había por fin señales de vida, lo cual hizo que mi alma descansara y me diera la seguridad para bajar del auto en el que viajaba conducido por mi ‘señora madre’, diría Juan Pablo. Me acerqué al que sería mi resguardo durante las siguientes doce horas, y pregunté por el paradero de mis profesoras y de mis compañeros. Impaciente tuve que esperar a ver como llegaban los automóviles poco a poco, uno a uno, y rodeaban al autobús escolar para hacernos partícipes de las maravillas de la ciudad que sería honrada con nuestra presencia.
De pronto, escuché mi nombre a lo lejos, y me percate de la llegada de varias personas importantes para mí. Suficiente con mencionar a una gran amiga y a mi recién estrenado novio. Comencé a sentirme feliz. Despedí a mi mamá con un beso, y me dispuse a subir al autobús que nos esperaba al frente de nuestras narices. Cada quien tomo su lugar con su cada cual, y pronto comenzó el viaje que mantenía en nuestros rostros la magia de una sonrisa. Avanzando logramos ver a través de la ventana la maravillosa escena de un mar de niebla, que en mi muy particular vivencia, me dejó impactada. Pocas veces se es capaz de ver algo tan bello y de poder compartirlo. Y así llevando la mirada hacia fuera, pudimos disfrutar del amanecer que nos envolvió en un éxtasis irremediable. Todos sonreíamos.
La primera parada llegó, junto con los gritos de algunas chicas. Algunos descansarían, otros tomarían un breve refrigerio y otros más, podrían hacer ‘descansar su alma’, pasando al sanitario. En mi caso, decidí bajar a estirar las piernas, a respirar el aire fresco de la mañana y a disfrutar de un delicioso café. Suficiente para sentirme bien.
Las conversaciones profundas no se hicieron esperar en el camino y las reflexiones de momentos pasados y futuros lograron arrancar más de un suspiro.
El trayecto fue genial, pero más genial aún todo lo que estaba predispuesto para vivirse…
Continuará.

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